La vida crece entre supuestos, conjeturas sobre lo propio y lo ajeno, elaboramos posturas, hechos y miradas, nos pensamos en los trances, nos reconocemos en lo imaginario, colores, tesituras, tonos, posturas, y cuando la realidad nos llama, es el desconocido de siempre quien acude a la cita y ve nuestro rostro en el espejo roto...
La fuerza del olvido secará la última lágrima, y este espacio invisible sera la inexistencia mía, mi sombra, mi gesto, mi mirada, mis ojos lentos no acudirán nunca a la cita del recuerdo...